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el Miércoles, 29 Abril 2009 en Alemania, Escapadas de Viaje.
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UN MÓN DE VIATGES
Recuerdos de Lübeck
Cuando decidimos ir a pasar unos días en la ciudad de Lübeck, en Alemania, nunca imaginamos que nos iba a gustar tanto.
Fuimos desde Barcelona a Hamburgo en avión y luego cogimos el tren que nos dejo en Lübeck. La estación está a pocos minutos andando del centro (aunque también hay autobuses), pero a nosotros nos gusta caminar y descubrir lugares. Cuando caminas desde la estación es como si la ciudad fuera viniendo hacia ti, es decir que poco a poco te vas acercando a las edificaciones ancestrales que a final configuran esta ciudad: puentes, torres, iglesias, casas…, todo de estilo hanseático.

Es verdad que en un primer momento reservé un hotel de 4* cerca de la estación, pero al final y por el mismo precio me decidí por uno en el centro de 3*, más pequeño, pero que verdaderamente no defraudó nuestras expectativas sino todo lo contrario. En nuestro camino al hotel, la ciudad estaba muy animada, las terrazas ocupadas y gente paseando.
Llegamos a nuestro pequeño hotel (Hotel Hanseatischer Hof) en el que desde el primer momento nos hicieron sentir como si hubieses ido a visitar a la familia, pero con la independencia que no tienes en el caso de la familia.
Estábamos en el 4º piso, era una casa antigua pero muy bien arreglada. Aunque no había ascensor, la habitación estaba muy bien, amplia, limpia y con unos colores amarillos que parecía que tocaba el sol todo el día. Al abrir la ventana se podía escuchar a las horas en punto los carrillones de las iglesias (7 creo) que hay alrededor. Encantador.
Bajamos a pasear un poco buscando un sitio para cenar, era verdaderamente una ciudad en pequeño, quiero decir que no es muy grande pero había de todo, todas las tiendas y restaurantes que puedes encontrar en una gran ciudad y más, allí estaban.
El desayuno en este hotel es magnífico: todo lo que puedas desear encontrar lo tienen en el buffet y con un trato familiar y muy amable. Nos hicieron sentir como en nuestra casa, pendientes de que todo estuviera a nuestro gusto y de que no nos faltara nada. La leche una delicia, cremosa y caliente como a mí me gusta.

Tras el desayuno fuimos a la descubierta de esta bonita ciudad que según el plano es como una isla rodeada de agua y unida al resto por varios puentes con sus maravillosas puertas hanseáticas.
La naturaleza tan cerca de las casas por todos sitios, el agua y la tranquilidad a pesar de ser una ciudad nos conquistó!
Fue un verdadero descanso y relax que no creo que olvide nunca. Sentarse delante del agua, con la tranquilidad que reinaba aun habiendo gente alrededor, nos supo a lujo incomparable.
Si un sitio era bonito, unos pasos más lejos otro lo era aun más.
Por tarde subimos al campanario de la iglesia de San Peter desde el cual se divisaba toda la ciudad. A vista de pájaro aún más bonito y muy recomendable.
Lo que también nos llamo mucho la atención es la capacidad que tienen los alemanes de transformar en un momento una plaza central donde no hay nada en una fiesta con música, sketchs, tiendas de comidas y bebidas, suvenires. La animación nos atrapó de tal manera que pospusimos nuestro viaje a Hamburgo de la mañana a mucho más tarde por la tarde.
El tiempo acompañó y la verdad es que nos fuimos encantados de lo que habíamos visto, pero apenados de dejar esta ciudad y con muchas ganas de volver.
Casi que me habría quedado a vivir.
Patrícia
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